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La psiconeuroinmunología (PNI) estudia cómo se comunican e influyen entre sí los sistemas psicológico, hormonal e inmunológico del cuerpo. Su idea principal es que están profundamente conectados: el estrés o las emociones pueden afectar las hormonas y el sistema inmunológico, y estos cambios, a su vez, impactan directamente en la salud.
Dejamos de gestionar síntomas para eliminar la causa:
- No más dietas: Trabajamos sobre el desequilibrio hormonal que provoca hambre emocional constante, ofreciendo una forma de alimentarte sin restricciones mediante un enfoque de psiconeuroinmunología personalizado.
- No más culpa: Trabajamos sobre los factores biológicos, como la inflamación o el estrés crónico, que pueden aumentar la ansiedad y la obsesión con la comida.
- No más frustración: Nos enfocamos en la bioquímica real de tu cuerpo, trabajando con ella y no en su contra.
Gestiona las respuestas inmediatas (la reacción de «lucha o huida») y también las de largo plazo. El estrés que percibes se traduce en señales químicas en todo el cuerpo.
Funciona como una red de mensajería química. Hormonas como el cortisol, la adrenalina o las tiroideas regulan el metabolismo, la energía y el estado de ánimo.
No solo nos defiende de infecciones. También detecta daños internos y, a través de unas moléculas llamadas citocinas, puede influir en el funcionamiento del cerebro y en cómo nos sentimos.
El eje del estrés (eje HHA). Es el principal sistema de respuesta al estrés: empieza en el cerebro (hipotálamo e hipófisis) y termina en las glándulas suprarrenales, que liberan cortisol. A corto plazo es una respuesta útil. Pero cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo, este eje puede desregularse, y esa desregulación se ha relacionado con alteraciones del sueño, del apetito, del estado de ánimo y con un estado de inflamación de bajo grado.
El eje intestino-cerebro. El intestino y el cerebro están conectados por vías nerviosas, hormonales e inmunológicas. La microbiota intestinal (los billones de microorganismos que viven en el intestino) participa en la producción de sustancias como algunos neurotransmisores o los ácidos grasos de cadena corta, importantes para la salud de la pared intestinal. De hecho, la mayor parte de la serotonina del cuerpo se produce en el intestino. La investigación sobre cómo influye la microbiota en la ansiedad o el estado de ánimo es muy prometedora, aunque todavía está en desarrollo.
¿Qué tiene que ver todo esto con la comida? Mucho. El estrés crónico, la restricción alimentaria, los atracones o las purgas alteran estos sistemas, y a su vez esa alteración puede mantener el hambre emocional, la ansiedad o los problemas digestivos. Por eso, en Seishin la PNI acompaña al tratamiento psicológico y nutricional de los trastornos alimentarios.
Los 4 pilares de nuestro enfoque PNI
Anorexia
Restauración nutricional y hormonal. La restricción extrema provoca fallo mitocondrial y desregulación severa del eje HPA. Trabajamos la reintroducción gradual de alimentos y la desestructuración de mitos nutricionales, mientras corregimos las deficiencias y la disfunción energética.
Bulimia
Estabilización bioquímica del impulso. El ciclo atracón-purga es mantenido por la desregulación del estrés y la ansiedad. Nos centramos en eliminar la restricción y el desorden de horarios (principales disparadores), modulando el eje HPA para reducir la impulsividad y la necesidad de purga.
Trastorno por atracón
Gestión de la ansiedad y bioquímica cerebral. Se normaliza el patrón alimentario. El objetivo PNI es manejar el hambre emocional y la ansiedad optimizando la síntesis de neurotransmisores (serotonina, dopamina) que se ven comprometidos por la disbiosis y el estrés crónico.
Trastorno por evitación o restricción
Integración sensorial y soporte nutricional funcional. La clave es la exposición gradual y lúdica. La PNI garantiza la suficiencia nutricional y el equilibrio de la barrera intestinal, asegurando que la aversión sensorial no sea mantenida por sensibilidades o inflamación digestiva.
Pica y trastorno por rumiación
Evaluación de deficiencias y función vagal. Estos trastornos de la ingesta pueden estar ligados a déficits nutricionales (pica) o a una desregulación del sistema nervioso autónomo (rumiación). La PNI evalúa y corrige las deficiencias y el tono vagal
Otros trastornos alimentarios
Corrección de cuadros subumbrales. Esta categoría incluye la anorexia nerviosa atípica, la bulimia o el trastorno por atracón de baja frecuencia, el trastorno por purgas sin atracón y el síndrome de ingesta nocturna de alimentos. Aplicamos protocolos de PNI para identificar y corregir los mecanismos de disregulación hormonal y del ritmo circadiano (cronobiología) que mantienen estos patrones atípicos.