Trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes: Guía clínica completa

Trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes

Los trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes (TCA) son hoy una de las problemáticas de salud mental más prevalentes y, paradójicamente, más infradiagnosticadas en nuestra consulta. No son una moda, no son una exageración y no son, como todavía escuchamos en algunos entornos, "cosas de la adolescencia que se pasan solas". Son enfermedades mentales graves que, sin intervención adecuada, pueden cronificarse y dejar secuelas permanentes en el desarrollo físico, emocional e identitario del adolescente.

En este artículo abordamos los trastornos de la conducta alimentaria en jóvenes desde lo que vemos en nuestra consulta de psicología alimentaria cada semana: los matices que los manuales no siempre cuentan, las señales que las familias pasan por alto y los errores frecuentes en la detección temprana.

¿Qué son los TCA y por qué la adolescencia es el momento de mayor riesgo?

Un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) es, según el DSM-5, una alteración persistente en la alimentación o en el comportamiento relacionado con la comida que produce un deterioro significativo de la salud física o del funcionamiento psicosocial.

Pero esta definición técnica no captura la dimensión real del problema. En la práctica clínica, un TCA es una forma de gestionar el malestar emocional a través del cuerpo y de la comida. No es sobre la comida en sí. Es sobre el control, la identidad, el miedo, la vergüenza y la necesidad desesperada de sentir que algo —aunque sea el peso o lo que se come— está bajo dominio propio.

La adolescencia es el momento de mayor vulnerabilidad por razones muy concretas:

  • El cerebro todavía no está maduro. La corteza prefrontal, encargada de la regulación emocional y la toma de decisiones, no termina de desarrollarse hasta los 25 años. Los adolescentes tienen menos recursos internos para gestionar el malestar.
  • El cuerpo cambia de forma dramática y sin ser consultado. La pubertad impone transformaciones físicas que el adolescente puede vivir con angustia, especialmente cuando su entorno —real o digital— le ofrece modelos corporales inalcanzables.
  • La identidad está en construcción. El adolescente se pregunta quién es, a qué grupo pertenece, si encaja. El cuerpo se convierte en el terreno donde librar esa batalla.
  • La presión social alcanza su máximo histórico. Con las redes sociales, esa presión ya no se limita al entorno inmediato: es global, constante, algorítmica y difícil de apagar.

Según datos de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), los trastornos de la conducta alimentaria afectan al 6,4% de las mujeres españolas de entre 12 y 21 años, con cerca de 400.000 chicas diagnosticadas. Y esto son solo los casos diagnosticados. La cifra real es probablemente muy superior.

Tipos de TCA más frecuentes en adolescentes

Cuando una familia llega a consulta, suele tener en mente dos palabras: anorexia o bulimia. Pero la realidad clínica es considerablemente más amplia y más matizada.

Anorexia nerviosa

La anorexia se caracteriza por una restricción extrema de la ingesta calórica, un miedo intenso a ganar peso y una distorsión severa de la imagen corporal. El adolescente se ve gordo cuando objetivamente no lo está.

Hay dos subtipos relevantes:

  • Restrictivo: la persona controla el peso únicamente a través de la restricción alimentaria o el ejercicio excesivo.
  • Purgativo: coexisten episodios de restricción con conductas purgativas (vómitos, laxantes).

Lo que pocas veces se menciona en los artículos informativos es la baja conciencia de enfermedad que caracteriza a la anorexia. A diferencia de la bulimia, donde el adolescente suele percibir su conducta como un problema, en la anorexia el síntoma a menudo se vive como un logro, una fortaleza o una solución. Esto hace que la resistencia al tratamiento sea altísima y que la intervención familiar precoz sea imprescindible.

Bulimia nerviosa

La bulimia se caracteriza por episodios recurrentes de atracones —ingesta de grandes cantidades de comida en poco tiempo con sensación de pérdida de control— seguidos de conductas compensatorias: vómitos autoinducidos, uso de laxantes, ayuno prolongado o ejercicio compulsivo.

A diferencia de lo que se suele creer, muchas personas con bulimia tienen un peso normal o incluso elevado, lo que dificulta la detección. La vergüenza es un componente central: los episodios ocurren en secreto y el adolescente construye una doble vida que genera un agotamiento emocional enorme.

Trastorno por atracón

Es el TCA más prevalente en la población general, aunque sigue siendo el menos diagnosticado en adolescentes. Se caracteriza por episodios de ingesta compulsiva sin conductas compensatorias posteriores. La carga emocional es muy alta: culpa, vergüenza y asco hacia uno mismo dominan el cuadro.

El trastorno por atracón suele coexistir con síntomas depresivos y ansiosos, y está claramente infrarrepresentado en la literatura clínica dirigida a familias.

ARFID

El trastorno por evitación/restricción de la ingesta de alimentos (ARFID, por sus siglas en inglés) es uno de los menos conocidos pero más frecuentes en adolescentes jóvenes. No implica preocupación por el peso ni distorsión corporal, sino una restricción extrema basada en características sensoriales de los alimentos (texturas, olores, colores), miedo a atragantarse o a vomitar, o simplemente falta total de interés por la comida.

En consulta, el ARFID a menudo llega disfrazado de "es muy mal comedor" o "siempre ha sido selectivo con la comida". La diferencia es que en el ARFID el impacto nutricional y funcional es significativo y requiere intervención especializada.

Ortorexia

La ortorexia no está clasificada formalmente como TCA en el DSM-5, pero en la práctica clínica la vemos con una frecuencia creciente y preocupante. Se caracteriza por una obsesión patológica con la "alimentación saludable" que va más allá de la dieta sana y se convierte en un sistema rígido de creencias, normas y rituales en torno a la comida.

Es particularmente relevante en la era de los influencers de nutrición, el contenido "wellness" en redes sociales y la glorificación de lo "natural" y lo "limpio". El problema no es comer sano: el problema es cuando cualquier desviación del plan alimentario genera ansiedad intensa, evitación social y deterioro de la calidad de vida.

El diagnóstico más frecuente: los TCANE

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria No Especificados (TCANE) son, estadísticamente, el diagnóstico más común en adolescentes. Incluyen cuadros que no cumplen todos los criterios de los diagnósticos principales pero que generan un malestar y una interferencia funcional igualmente significativos.

Este punto es importante para las familias: que el cuadro no sea "una anorexia clásica" no significa que no sea grave. Los TCANE también requieren intervención.

En Seishin podemos ayudarte

Si sospechas que tu hijo/a puede estar desarrollando un TCA, o si ya hay un diagnóstico y buscas acompañamiento, en Seishin trabajamos con un enfoque integrador que combina psicología clínica, intervención nutricional especializada y acompañamiento familiar. No hace falta tener todo claro para pedir una primera cita. A veces, el primer paso es simplemente hablar con alguien que entiende lo que estás viviendo.

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El papel de las redes sociales como TikTok e Instagram en la fabricación del malestar corporal

Este es, sin duda, el factor de riesgo que más ha cambiado en la última década y el que más preguntas genera en consulta.

Desde una perspectiva clínica, las redes sociales no causan los TCA de manera directa. Pero sí actúan como aceleradores y amplificadores en personas con vulnerabilidad previa, y como normalizadores de conductas alimentarias problemáticas que antes eran claramente reconocidas como patológicas.

Los mecanismos concretos que observamos son varios:

  • La comparación social constante. Instagram y TikTok ofrecen un flujo infinito de imágenes de cuerpos editados, filtrados y cuidadosamente seleccionados. El adolescente se compara de forma automática e inconsciente, y esa comparación casi siempre sale en su contra.
  • Los algoritmos que atrapan. Los algoritmos de estas plataformas detectan con qué tipo de contenido interaccionas y te dan más de lo mismo. Un adolescente que empieza a buscar "cómo bajar de peso" pronto ve saturado su feed con contenido de dietas, cuerpos "perfectos" y rutinas de ejercicio extremas. El sistema está diseñado para la retención, no para el bienestar.
  • Los influencers de nutrición y fitness. Muchos de ellos ofrecen consejos alimentarios sin formación acreditada, promueven dietas restrictivas bajo la etiqueta de "estilo de vida saludable" y exhiben cuerpos que son el resultado de una combinación de genética privilegiada, edición de imagen y, en muchos casos, conductas alimentarias problemáticas no declaradas.
  • Las comunidades pro-TCA. Aunque las principales plataformas han tomado medidas, siguen existiendo comunidades que normalizan e incluso celebran conductas anorécticas o bulímicas, con hashtags específicos y un lenguaje codificado que los adultos raramente reconocen.

Un estudio pionero en España publicado en el International Journal of Mental Health and Addiction confirmó que el uso frecuente de Instagram y TikTok incrementa el riesgo de desarrollar TCA en adolescentes, siendo Instagram la red con mayor impacto en la insatisfacción corporal.

Esto no significa que haya que prohibir las redes sociales —que es una medida cuya eficacia es discutible y cuyos efectos secundarios son relevantes. Significa que tenemos que educar a los adolescentes en consumo crítico de contenido digital, una habilidad que no se adquiere sola y que requiere trabajo activo desde la familia y el entorno educativo.

TCA en chicos

Existe una tendencia, tanto en el imaginario popular como en los circuitos diagnósticos, a considerar los TCA como un problema "de chicas". Esta creencia está causando un daño real y medible: los chicos con TCA son diagnosticados más tarde, reciben menos apoyo y acceden al tratamiento en estadios más avanzados.

Los datos son claros: aunque la prevalencia es mayor en mujeres, entre el 10 y el 25% de los casos de TCA corresponden a varones. Y la presentación clínica es frecuentemente diferente:

  • Vigorexia o dismorfia muscular: más que adelgazar, el objetivo es aumentar masa muscular y reducir grasa. El síntoma se presenta como dedicación al deporte y a la alimentación saludable, lo que lo hace especialmente difícil de detectar en una cultura que premia el músculo y la disciplina.
  • Menor verbalización del malestar emocional: los chicos han sido socializados para no hablar de su relación con el cuerpo, lo que retrasa la consulta y complica el diagnóstico.
  • Mayor estigma: un chico con anorexia puede enfrentarse a incredulidad incluso por parte de profesionales sanitarios poco formados en la presentación masculina de estos trastornos.

En consulta, es frecuente que los chicos lleguen con un discurso completamente racionalizado sobre rendimiento deportivo o alimentación óptima, sin que ellos mismos perciban el componente psicopatológico subyacente.

Señales de alarma

Una de las preguntas más frecuentes que recibimos de padres y madres es: "¿Cómo sé si lo que está haciendo mi hijo/a es un TCA o es solo que está cuidándose?" La pregunta es pertinente y la respuesta no siempre es sencilla, pero hay indicadores que orientan con bastante fiabilidad.

En la relación con la comida:

  • Evitar sistemáticamente comidas familiares con excusas repetidas.
  • Clasificar los alimentos de forma rígida en "buenos" y "malos".
  • Obsesión por leer etiquetas, contar calorías o controlar porciones de manera angustiosa.
  • Rituales en torno a la comida: cortar en trozos muy pequeños, comer siempre en el mismo orden, separar alimentos en el plato.
  • Ir al baño inmediatamente después de comer (conducta purgativa encubierta).
  • Comer en secreto o esconder comida.

En la imagen corporal y el cuerpo:

  • Comentarios frecuentes y angustiados sobre estar gordo/a cuando objetivamente no es así.
  • Evitar mirarse en espejos o, al contrario, compulsión por mirarse y criticarse.
  • Pérdida o ganancia de peso brusca sin explicación médica.
  • Amenorrea (pérdida de la menstruación) en chicas.
  • Fatiga crónica, mareos, cabello débil, sensación de frío constante.
  • Callosidades en los nudillos (signo de Russell, indicador de vómitos autoinducidos).

En el plano emocional y social:

  • Irritabilidad que aumenta en los momentos alrededor de las comidas.
  • Retirada progresiva de actividades sociales, especialmente las que involucran comida.
  • Baja autoestima que orbita de forma específica alrededor del cuerpo y el peso.
  • Ansiedad intensa ante situaciones donde no se puede controlar la comida (cumpleaños, restaurantes, viajes).

La señal más importante de todas: cuando la preocupación por la comida, el cuerpo o el peso empieza a interferir de forma significativa con la vida del adolescente —su rendimiento escolar, sus relaciones, su humor, su capacidad de disfrutar—, estamos ante un problema que merece atención profesional.

Por qué los TCA pasan desapercibidos

En nuestra práctica, identificamos varios patrones recurrentes de detección tardía:

  • "Está comiendo sano, no puede ser un problema." La ortorexia y algunos cuadros restrictivos se camuflan perfectamente detrás del discurso de la alimentación saludable. Si tu hijo/a ha eliminado grupos enteros de alimentos con justificaciones de salud y la idea de saltarse sus normas alimentarias le genera angustia, merece una valoración.
  • "Es una chica y siempre ha sido perfeccionista, algo así me temía." La normalización de los TCA en perfiles típicos hace que muchas familias no perciban la urgencia de la consulta hasta que el cuadro está avanzado.
  • "Los chicos no tienen estas cosas." Como hemos visto, sí las tienen. Y a menudo con una presentación diferente que requiere formación específica para detectar.
  • "Ya le hemos dicho que está muy delgada/o, pero no quiere escuchar." Los comentarios directos sobre el peso o el cuerpo raramente ayudan y a menudo empeoran el cuadro. La conversación productiva no va sobre el cuerpo, va sobre el malestar emocional que hay detrás.
  • "No cumple todos los criterios, así que de momento esperamos." Los TCA subclínicos —que no cumplen criterios diagnósticos completos— generan un sufrimiento real y tienen capacidad de evolucionar hacia cuadros más graves. La intervención temprana es siempre mejor que esperar.

El reto del tratamiento cuando el adolescente no quiere ayuda

Este es uno de los aspectos menos comentados en los artículos de divulgación y uno de los más desafiantes en la práctica clínica. Los TCA, especialmente la anorexia, tienen como característica psicopatológica central la baja conciencia de enfermedad o egosintoniedad: el adolescente no vive el síntoma como un problema, sino como una solución. Cambiar implica renunciar a algo que, desde su perspectiva interna, le está funcionando para gestionar el malestar.

Esto genera situaciones muy difíciles en las familias: el adolescente se niega a ir al psicólogo, minimiza los síntomas, se enfada ante la preocupación de sus padres o simplemente miente sobre lo que come.

Algunas orientaciones que ofrecemos en consulta a las familias:

  • No hagas del peso ni de la comida el centro de la conversación. El TCA no es sobre la comida. Si cada conversación gira en torno a lo que come o no come, estás reforzando el síntoma como tema central. Habla sobre cómo se siente, qué le preocupa, qué le hace falta.
  • Evita los comentarios sobre el cuerpo, en cualquier dirección. "Estás muy delgada" no suele generar conciencia de enfermedad. A menudo produce el efecto contrario. Y los comentarios positivos tipo "qué bien te ha quedado esa cintura" también pueden ser dañinos.
  • Busca ayuda para ti también. Los padres de adolescentes con TCA atraviesan niveles de angustia, culpa y agotamiento enormes. Contar con apoyo psicológico propio no es un lujo: es una necesidad que además te hace más eficaz como figura de apoyo para tu hijo/a. La terapia familiar sistémica y los talleres para padres y familias que organizamos en Seishin Psiconutrición son herramientas perfectas para estos casos.
  • La motivación para el cambio puede construirse, pero lleva tiempo. La terapia motivacional y los enfoques sistémicos familiares pueden ayudar a crear un contexto en el que el adolescente empiece a cuestionarse el síntoma. No esperes un giro de 180 grados en las primeras sesiones.

El impacto de la pandemia

No podemos hablar de TCA en adolescentes sin mencionar la pandemia de COVID-19 como punto de inflexión. Los estudios publicados desde 2021 son consistentes en señalar un aumento significativo de casos, especialmente de restricción alimentaria y de trastorno por atracón, durante y tras el confinamiento.

Los factores que confluyeron son comprensibles: el aislamiento social, la pérdida de rutinas, el aumento del tiempo de pantalla, la convivencia estrecha en entornos familiares a veces tensos, y la pérdida de acceso a actividades deportivas, sociales y culturales que funcionaban como factores protectores.

Lo que en 2020 se presentó como respuestas adaptativas al confinamiento en muchos casos evolucionó hacia TCA establecidos que llegaron a las consultas con uno, dos o tres años de retraso.

Tratamiento de los TCA en adolescentes

El tratamiento de los TCA en adolescentes requiere siempre un abordaje multidisciplinar. Esto no es una frase hecha: es una necesidad real derivada de la complejidad del trastorno, que implica simultáneamente dimensiones físicas, psicológicas, familiares y nutricionales.

Intervención psicológica individual

La psicoterapia individual es el núcleo del tratamiento. Los objetivos van mucho más allá de "normalizar la alimentación": trabajamos la regulación emocional, la autoestima, la identidad, las creencias nucleares sobre el cuerpo y el valor personal, y las habilidades de afrontamiento que permiten gestionar el malestar sin recurrir al síntoma.

Las modalidades con mayor evidencia en adolescentes incluyen la terapia cognitivo-conductual adaptada, la terapia basada en la mentalización y los enfoques de tercera generación como la terapia de aceptación y compromiso.

Intervención familiar

Para adolescentes, especialmente en los estadios más tempranos y en cuadros de anorexia, los enfoques basados en la familia —especialmente el Tratamiento Basado en la Familia o Modelo Maudsley— cuentan con el mayor respaldo empírico disponible. La familia no es el problema: es el principal recurso terapéutico.

La efectividad de este modelo se sitúa entre el 50 y el 70% en adolescentes con TCA de corta duración y sin conflicto familiar severo. El rol de la familia es acompañar la recuperación sin ejercer un control que reemplace la autonomía del adolescente: una distinción fina pero crucial que requiere orientación profesional.

Intervención nutricional

La reeducación alimentaria no consiste en dar pautas dietéticas. En el contexto de un TCA, significa ayudar al adolescente a reconstruir una relación funcional y no angustiosa con la comida, desactivar creencias irracionales sobre los alimentos, normalizar patrones de alimentación y recuperar la flexibilidad. Es un trabajo lento, progresivo y que debe estar completamente coordinado con la intervención psicológica.

Cuándo es necesaria la hospitalización

La mayoría de los casos pueden tratarse en régimen ambulatorio. Sin embargo, existen criterios de gravedad que indican la necesidad de recursos más intensivos —hospital de día, ingreso hospitalario— y que incluyen: pérdida de peso grave (IMC por debajo de 15 en mayores de 14 años), alteraciones electrolíticas significativas, complicaciones cardíacas, riesgo de autolesión o suicidio, y fracaso del tratamiento ambulatorio tras un período adecuado.

Cómo hablar con tu hijo/a si sospechas que tiene un TCA

Abrir esta conversación es uno de los momentos más temidos por las familias y uno de los que más preguntas generan en consulta. Algunas orientaciones prácticas:

  • Elige el momento y el lugar. No en la mesa, no durante ni justo después de una comida, no cuando hay tensión previa. Un momento tranquilo, sin prisa, en un espacio donde ambos os sintáis relativamente cómodos.
  • Habla de lo que observas, no de lo que concluyes. "He notado que últimamente pareces más agotado/a y que comes muy poco en las comidas" es muy diferente de "creo que tienes anorexia". Lo primero abre una conversación; lo segundo activa defensas.
  • Expresa preocupación sin hacer acusaciones. "Me preocupo porque te quiero y noto que algo no está bien" es una posición de cuidado. "¿Estás vomitando?" es una acusación que probablemente generará negación.
  • Escucha más de lo que hablas. Tu objetivo en esa primera conversación no es convencerle de que tiene un problema. Es que sienta que puede hablar contigo sin ser juzgado/a.
  • Ten claro tu límite. Si la situación es grave —si hay signos físicos preocupantes, si el peso ha bajado de forma rápida o si hay conductas purgativas evidentes— la búsqueda de ayuda profesional no puede esperar a que el adolescente esté de acuerdo. En ese caso, busca asesoramiento especializado para saber cómo proceder.

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Si sospechas que tu hijo/a puede estar desarrollando un TCA, o si ya hay un diagnóstico y buscas acompañamiento, en Seishin trabajamos con un enfoque integrador que combina psicología clínica, intervención nutricional especializada y acompañamiento familiar. No hace falta tener todo claro para pedir una primera cita. A veces, el primer paso es simplemente hablar con alguien que entiende lo que estás viviendo.

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Prevención: qué pueden hacer las familias en el día a día

La prevención más efectiva no es hablar de trastornos alimentarios. Es construir el tipo de entorno que hace menos probable que un adolescente los desarrolle.

  • Cuida el lenguaje alrededor del cuerpo y la comida. Los comentarios sobre el peso —el propio, el de otros, el de tu hijo/a— tienen más impacto del que imaginamos. No hay "dietas" en casa, hay "comer bien". No hay cuerpos buenos o malos, hay cuerpos diversos.
  • Fomenta una relación funcional con la comida, no moralizada. La comida no es un premio ni un castigo. Comer no merece culpa ni recompensa. Sentarse a la mesa en familia, cuando es posible, tiene un valor protector documentado.
  • Trabaja la autoestima desde la competencia, no desde la apariencia. Valora a tu hijo/a por lo que hace, siente y piensa, no por cómo se ve. Esto parece obvio, pero en la práctica requiere atención consciente.
  • Enseña pensamiento crítico frente a los medios y las redes. Ver contenido de redes sociales con tu hijo/a y comentarlo —"¿crees que este cuerpo es real o tiene filtros?"— es más eficaz que prohibir el acceso.
  • Normaliza las emociones difíciles. Un adolescente que sabe que puede sentirse triste, ansioso o perdido sin que eso sea un fracaso tiene menos necesidad de buscar vías de control o escape a través del cuerpo.

Preguntas frecuentes sobre TCA en adolescentes

¿A qué edad comienzan los TCA?

La edad media de inicio de los síntomas se sitúa en los 12-13 años, aunque existen casos de inicio muy precoz (antes de los 10 años) y de debut en la edad adulta. Los inicios más tempranos presentan mayor psicopatología previa asociada.

¿Los TCA tienen cura?

La edad media de inicio de los síntomas se sitúa en los 12-13 años, aunque existen casos de inicio muy precoz (antes de los 10 años) y de debut en la edad adulta. Los inicios más tempranos presentan mayor psicopatología previa asociada.

¿Puede mi hijo/a tener un TCA si tiene sobrepeso?

Absolutamente. El peso no define la presencia o ausencia de un TCA. La bulimia y el trastorno por atracón son frecuentes en personas con peso normal o elevado. La creencia de que "para tener un TCA hay que estar muy delgado/a" retrasa significativamente el diagnóstico.

¿Qué papel tienen los profesores y el entorno escolar?

Un papel fundamental. Los docentes tienen un contacto diario y sostenido con el adolescente que los convierte en observadores privilegiados. La formación del profesorado en señales de alarma y en cómo derivar adecuadamente sin estigmatizar es uno de los pilares de la prevención secundaria.

¿Es hereditario el riesgo de TCA?

Los estudios en gemelos y familiares sugieren que la genética puede explicar entre el 60 y el 80% de la vulnerabilidad para desarrollar un TCA. Esto no significa que el TCA esté predestinado: significa que algunos adolescentes parten con mayor sensibilidad y que el entorno y la intervención precoz marcan la diferencia.

Este artículo ha sido elaborado por el equipo clínico de Seishin Psiconutrición con fines divulgativos. No sustituye la consulta personalizada con un profesional de la salud.

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  • Ministerio de Sanidad. (2022). Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022–2026. Gobierno de España.

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